De Sri Lanka a Buenos Aires: un poema de amor en palmas

Se dice fácil, pero llegar a rescatar esta información llevó muchos meses. Nuestro catalogador*, además de los saberes propios de los bibliotecarios, tiene muchos otros, pero es, sobretodo, un curioso entusiasta. Establece hipótesis y contactos con expertos de Oriente y Occidente. Algunas de sus hipótesis iniciales se confirman y otra se desmienten. Finalmente, consigue los datos suficientes para realizar el registro catalográfico. No abundaré aquí en los detalles que pueden verse en él. Sugiero su visita a este enlace.
En 2019 se realiza un encuentro de catalogadores en el que se pone en público el hallazgo y las peripecias de nuestro curioso bibliotecario. Su ponencia no ha sido todavía publicada, una pena.
Tampoco contamos con la traducción del texto, pero aun así hemos aprendido en el camino muchas cosas: que la actual Sri Lanka se llamó Ceilán; que hubo allí, en el siglo XV, un reino floreciente llamado Kotte; que el cingalés es la lengua clásica y aún viva de ese lugar; que su escritura es silábica y no alfabética; que las palmeras, además de dar sombra, frutos y madera, han dado sostén a la escritura durante siglos; que los libros pueden tomar formas insospechadas; que un poema amoroso puede perdurar centenares de años aun en soportes tan fácilmente degradables como una palma.
Lo que no hemos podido saber (y tal vez nunca lo sepamos) es cómo llegó esa pequeña pieza a nuestra Buenos Aires y a nuestra Biblioteca. Con estar agradecidos tal vez sea suficiente.
En 2019 se realiza un encuentro de catalogadores en el que se pone en público el hallazgo y las peripecias de nuestro curioso bibliotecario. Su ponencia no ha sido todavía publicada, una pena.
Tampoco contamos con la traducción del texto, pero aun así hemos aprendido en el camino muchas cosas: que la actual Sri Lanka se llamó Ceilán; que hubo allí, en el siglo XV, un reino floreciente llamado Kotte; que el cingalés es la lengua clásica y aún viva de ese lugar; que su escritura es silábica y no alfabética; que las palmeras, además de dar sombra, frutos y madera, han dado sostén a la escritura durante siglos; que los libros pueden tomar formas insospechadas; que un poema amoroso puede perdurar centenares de años aun en soportes tan fácilmente degradables como una palma.
Lo que no hemos podido saber (y tal vez nunca lo sepamos) es cómo llegó esa pequeña pieza a nuestra Buenos Aires y a nuestra Biblioteca. Con estar agradecidos tal vez sea suficiente.
*Juan Carlos Sánchez Sottosanto es Bibliotecario Profesional, licenciado en Ciencias Sociales y tiene estudios de pos-grado en Teología.
Gracias por esta amorosa descripción de mi trabajo. Cuando quieran, les paso más info. También he catalogado manuscritos árabes y hebreos que estaban sin identificar desde su ingreso a la Bibliotecca Nacional en 1957. Un saludo enorme
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